El camino perdido de la luna vieja


CARTAS DE SALVADOR DALÍ A GARCIA LORCA


Cadaqués, septiembre, 1926
Querido Federico:

Te escribo lleno de una gran serenidad y de tu santa calma; veras: ya hace un poco de mal tiempo en este bendito septiembre, llueve, hace viento, ancla un barco en el puerto; eso hace sentir mas el interior, y los ruidos suaves de los trabajos suaves y quietos en los interiores ... Mi hermana cose ropa blanca a mi lado cerca de la ventana, en la cocina se hacen confituras y se habla de poner uvas a secar; yo he pintado toda. la tarde, 7 olas duras y frías como son las del mar ... mañana pintare 7 mas; estoy tranquilo porque las he pintado bien, además cada vez el mar se parece mas al que yo pinto. Resulta también que san Sebastián es el patrón de Cadaqués,¿te acuerdas de la ermita de San Sebastián en la montaña de Peni? Pues bien, hay una historia que me ha contado la Lidia, una historia de San Sebastián que prueba lo atado que esta a la columna, y la seguridad de lo intacto de su espalda. ¿No habías pensado en lo sin herir del culo de San Sebastián? Pero dejo eso y voy a contestarte tu carta de situaciones, como ¡viejos! amigos que ya somos. Tú no harás oposiciones a nada, convence a tu padre que te deje vivir tranquilamente sin esas preocupaciones de aseguramientos de porvenir, trabajo, esfuerzo personal y demás cosas ... , publica tus libros, eso te puede dar fama ... América, etc., con un nombre real y no legendario como ahora, todo Dios te estrenara lo que hagas, etc., etc.
... Yo sueño en irme a Bruselas para copiar a los holandeses en el museo; mi padre esta contento del proyecto ... ¿Venir a Granada? No te quiero engañar, no puedo; por Navidad pienso hacer mi exposición en Barcelona, que será algo gordo; hijo; tengo que trabajar esos meses como ahora, todo el santo día sin pensar en Nada Más. ¡Tú no puedes darte cuenta de cómo me he entregado a mis cuadros, con que cariño pinto mis ventanas abiertas al mar con rocas, mis cestas de pan, mis niñas cosiendo, mis peces, mis, cielos como esculturas!
Adiós, te quiero mucho, algún día volveremos a vemos, ¡que bien lo pasaremos!
Escribe. Adiós, adiós. Me voy a mis cuadros de mi corazón.

Salvador Dalí.




Querido Federiquito: Qué lástima me ha dado que no nos hayas venido a ver en París, tan bien que lo hubiéramos pasado. Y tenemos que hacer cosas juntos otra vez


FEDERICO GARCIA LORCA ODA A SALVADOR DALÍ 


Cadaqués, en el fiel del agua y la colina,
eleva escalinatas y oculta caracolas.
Las flautas de madera pacifican el aire.
Un viejo dios silvestre da frutas a los niños.

Sus pescadores duermen, sin ensueño, en la arena.
En alta mar les sirve de brújula una rosa.
El horizonte virgen de pañuelos heridos,
junta los grandes vidrios del pez y de la luna.

Una dura corona de blancos bergantines
ciñe frentes amargas y cabellos de arena.
Las sirenas convencen, pero no sugestionan,
y salen si mostramos un vaso de agua dulce.

*******
¡Oh, Salvador Dalí, de voz aceitunada!
No elogio tu imperfecto pincel adolescente
ni tu color que ronda la color de tu tiempo,
pero alabo tus ansias de eterno limitado.





Alma higiénica, vives sobre mármoles nuevos.
Huyes la oscura selva de formas increíbles.
Tu fantasía llega donde llegan tus manos,

y gozas el soneto del mar en tu ventana.
El mundo tiene sordas penumbras y desorden,
en los primeros términos que el humano frecuenta.
Pero ya las estrellas ocultando paisajes,
señalan el esquema perfecto de sus órbitas.
La corriente del tiempo se remansa y ordena
en las formas numéricas de un siglo y otro siglo.
Y la Muerte vencida se refugia temblando
en el círculo estrecho del minuto presente.

Al coger tu paleta, con un tiro en un ala,
pides la luz que anima la copa del olivo.
Ancha luz de Minerva, constructora de andamios,
donde no cabe el sueño ni su flora inexacta.

Pides la luz antigua que se queda en la frente,
sin bajar a la boca ni al corazón del bosque.
Luz que temen las vides entrañables de Baco
y la fuerza sin orden que lleva el agua curva.

Haces bien en poner banderines de aviso,
en el límite oscuro que relumbra de noche.
Como pintor no quieres que te ablande la forma
el algodón cambiante de una nube imprevista.

El pez en la pecera y el pájaro en la jaula.
No quieres inventarlos en el mar o en el viento.
Estilizas o copias después de haber mirado,
con honestas pupilas sus cuerpecillos ágiles.

Amas una materia definida y exacta
donde el hongo no pueda poner su campamento.
Amas la arquitectura que construye en lo ausente
y admites la bandera como una simple broma.

Dice el compás de acero su corto verso elástico.
Desconocidas islas desmiente ya la esfera.
Dice la línea recta su vertical esfuerzo
y los sabios cristales cantan sus geometrías.

FUENTES DE INFORMACIÓN :
https://plumasublime.wordpress.com/2013/06/05/federico-garcia-lorca-salvador-dali-y-lo-que-fue/
http://cartasenlanoche.blogspot.com/2012/03/cartas-de-salvador-dali-federico-garcia.html





POESÍA  

HECHA CANCIÓN 



DIALOGO DE MUERTOS 

JORGE LUIS BORGES. 

DERECHOS DE AUTOR DE http://tat2pooch.deviantart.com/




El hombre llegó del sur de Inglaterra en un amanecer del invierno de 1877. Rojizo, atlético y obeso, resultó inevitable que casi todos lo creyeran inglés y lo cierto es que se parecía notablemente al arquetipo John Bull. Usaba sombrero de copa y una curiosa manta de lana con una abertura en el medio. Un grupo de hombres, de mujeres y de criaturas lo esperaba con ansiedad; a muchos les rayaba la garganta una línea roja, otros no tenían cabeza y andaban con recelo y vacilación, como quien camina en la sombra. Fueron cercando al forastero y, desde el fondo, alguno vociferó una mala palabra, pero un terror antiguo los detenía y no se atrevieron a más. A todos se adelantó un militar de piel cetrina y ojos como tizones; la melena revuelta y la barba lóbrega parecían comerle la cara. Diez o doce heridas mortales le surcaban el cuerpo como las rayas en la piel de los tigres. El forastero, al verlo, se demudó, pero luego avanzó y le tendió la mano. 
— ¡Qué aflicción ver a un guerrero tan espectable derribado por las armas de la perfidia! 
—dijo en tono rotundo
—. ¡Pero también que íntima satisfacción haber ordenado que los victimarios purgaran sus fechorías en el patíbulo, en la plaza de la Victoria! 
—Si habla de Santos Pérez y de los Reinafé, sepa que ya les he agradecido 
—dijo con lenta gravedad el ensangrentado. El otro lo miró como recelando una burla o una, amenaza, pero Quiroga prosiguió: 
—Rosas, usted no me entendió nunca. ¿Y cómo iba a entenderme, si fueron tan diversos nuestros destinos? A usted le tocó mandar en una ciudad, que mira a Europa y que será de las más famosas del mundo; a mí, guerrear por las soledades de América, en una tierra pobre, de gauchos pobres. Mi imperio fue de lanzas y de gritos y de arenales y de victorias casi secretas en lugares perdidos. ¿Qué títulos son esos para el recuerdo? Yo vivo y seguiré viviendo por muchos años en la memoria de la gente porque morí asesinado en una galera, en el sitio llamado Barranca Yaco, por hombres con caballos y espadas. A usted le debo este regalo de una muerte bizarra, que no supe apreciar en aquella hora, pero que las siguientes generaciones no han querido olvidar. No le serán desconocidas a usted unas litografías muy primorosas y la obra interesante que ha redactado un sanjuanino de valía. Rosas, que había recobrado su aplomo, lo miró con desdén. 
Usted es un romántico 
—sentenció
—. El halago de la posteridad no vale mucho más que el contemporáneo, que no vale nada y que se logra con unas cuantas divisas. 
Conozco su manera de pensar 
—contestó Quiroga
—. En 1852, el destino, que es generoso o que quería sondearlo hasta el fondo, le ofreció una muerte de hombre, en una batalla. Usted se mostró indigno de ese regalo, porque la pelea y la sangre le dieron miedo. 
— ¿Miedo? —repitió Rosas
—. ¿Yo, que he domado potros en el Sur y después a todo un país? Por primera vez, Quiroga sonrió.
 —Ya sé
 — dijo con lentitud
 — que usted ha ejecutado más de una lindeza a caballo, según el testimonio imparcial de sus capataces y peones; pero en aquellos días, en América y también a caballo se ejecutaron otras lindezas que se llaman Chacabuco y Junín y Palma Redonda y Caseros. Rosas lo oyó sin inmutarse y replicó así:
 —Yo no necesité ser valiente. Una lindeza mía, como usted dice, fue lograr que hombres más valientes que yo pelearan y murieran por mí. Santos Pérez, pongo por caso, que acabó con usted. El valor, es cuestión de aguante; unos aguantan más y otros menos, pero tarde o temprano todos aflojan.
 —Así será
 — dijo Quiroga 
—, pero yo he vivido y he muerto y hasta el día de hoy no sé lo que es miedo. Y ahora voy a que me borren, a que me den otra cara y otro destino, porque la historia se harta de los violentos. No sé quién será el otro, qué harán conmigo, pero sé que no tendrá miedo. 
—A mí me basta ser el que soy
 — dijo Rosas 
— y no quiero ser otro. 
—También las piedras quieren ser piedras para siempre 
— dijo Quiroga 
— y durante siglos lo son, hasta que se deshacen en polvo. Yo pensaba como usted cuando entré en la muerte, pero aquí aprendí muchas cosas. Fíjese bien, ya estamos cambiando los dos. Pero Rosas no le hizo caso y dijo como si pensara en voz alta: 
—Será que no estoy hecho a estar muerto, pero estos lugares y esta discusión me parecen un sueño, y no un sueño soñado por mí sino por otro, que está por nacer todavía. No hablaron más, porque en ese momento Alguien los llamó.




Referencias y respectivos dueños. 

  1. http://tat2pooch.deviantart.com/
  2. http://www.secundariafavaloro.com.ar/pdf/lengua/2do_Dialogo_muertos_Borges.pdf

(se le dan las gracias al autor de la imagen y a a la s personas o persona encargada de publicar el texto en PDF) 

BORRADOR DE UNA CARTA DE HÖLDERLIN EN FRANCÉS





(https://apuntesdelechuza.files.wordpress.com/2014/06/hc3b6lderlin.jpg)



.h, querido, en qué estado estaba mi alma después de haberme separado de ti; al principio maldije a todo el mundo, dije con Fiesco: querría satisfacer mi resentimiento inexorable, querría desgarrar con mis uñas el mundo entero para hacer un monstruo de él..., pero pronto se desvaneció el furor. Desapareció mi violento odio, al que siguió una aceptación serena hacia todos los hombres, olvidé todas las injurias que había sufrido por su sagacidad a causa de las faltas de los otros; sí, yo los menospreciaba por sus eternos caprichos, por su inagotable sed de oro; sí, lo olvidé, yo me parecía al león que contempla al ratón a sus pies sin herirle porque es demasiado grande para enfadarse con él. Dejé esta tierra tan pequeña, emprendí el vuelo hacia las estrellas, pasando sobre cimas de montañas antes tan caras a mi corazón sangrante. No solamente los males de la tierra me parecían pequeños y poco importantes; incluso sus alegrías no eran para mí más que golosinas hechas para niños y no para Dioses, y el hombre es un dios si quiere serlo. Pero he aquí a los hombres que se abandonan a la desesperación, plenos de incredulidad en cuanto a la naturaleza humana y tan débiles, en fin... No, no quiero hablar más de ello, no quiero caer de mi cielo, no quiero privarme de esta felicidad que me transporta, de esta sangre tan calma que corre por mis venas; no quiero soñar más con el pasado, e incluso si tuviera un gran deseo de ello, recordaría a lo sumo las flores que el carro de la Fortuna ha dejado escapar sobre mi camino; no quiero leer en la historia de mi vida sino las hojas que contienen mi felicidad. No es cierto, hermano; crees que mis pensamientos, mis sentimientos ya no son de este mundo; creo que estoy maduro no para la paz muerta de la tumba, sino para una vida más feliz, más tranquila que ésta; incluso espero no estar largo tiempo ya sobre esta tierra, de la que ni siquiera las alegrías me atraen; espero que las tijeras fatales de la Parca vengan a cortar el hilo de mi vida, y en verdad puedo decir que espero el fin con tranquilidad, incluso con placer y con alegría. Adiós, hermano; quizá sea la última vez que escuchas mi voz; recibe las bendiciones de un alma a la que restituiste la calma con tu amistad y con tu bondad y el último adiós de tu

H...




referencias 
https://apuntesdelechuza.files.wordpress.com/2014/06/hc3b6lderlin.jpg
http://blogs.elpais.com/files/http___isaiasgarde.myfil.es_get_file_path_h-lderlin-poemas.pd


Carta escrita por Simón Bolívar a Manuela Sáenz. 

Ica, 20 de abril 1825
Tu amado, Simón Bolívar.



Mi bella y buena Manuela:
Cada momento estoy pensando en ti y en el destino
que te ha tocado. Yo veo que nada en el mundo
puede unirnos bajo los auspicios de la inocencia y del
amor. Lo veo bien, y gimo de tan horrible situación
por ti; porque te debes reconciliar con quien no
amabas; y yo porque debo separarme de quien
idolatro!!! Sí, te idolatro hoy más que nunca jamás. Al
arrancarme de tu amor y de tu posesión se me ha
multiplicado el sentimiento de todos los encantos de
tu alma y de tu corazón divino, de ese corazón sin
modelo. Cuando tú eras mía yo te amaba más por tu
genio encantador que por tus atractivos deliciosos.
Pero ahora ya me parece que una eternidad nos
separa de nosotros mismos porque mi propia
determinación me ha puesto en el tormento de
arrancarme de tu amor, y tu corazón justo nos separa
de nosotros mismos, puesto que nos arrancamos el
alma que nos daba existencia, dándonos el placer de
vivir.


En el futuro tú estarás sola aunque al lado de tu
marido. Yo estaré solo en medio del mundo. Sólo la
gloria de habernos vencido será nuestro consuelo. El
deber nos dice que ya no somos más culpables!! No,


no lo seremos más.






Mapa mental sobre creación de un ambiente para escribir y leer 




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